miércoles, 3 de abril de 2013

De Oola a Pola



El fin de semana pasado fue muy revelador. Como pocos fines de semana, la verdad. Vi al menos tres películas que me dejaron patidifusa tras haber terminado el libro al que se debe la entrada anterior. Hablaré en otras ocasiones de Susurros del Corazón, Buda y Los últimos días. Hoy vamos a contar verdades sobre un animalejo pequeño, peludo y hasta cierto punto repugnante, a pesar de que la fotografía de más arriba nos lo muestra en una faceta más bien aséptica: Bienvenidos al fabuloso mundo de la ORUGA OSO LANUDO DEL ÁRTICO.

La única finalidad de este lepidóptero (Yo pensaba que era un artrópodo, pero no.) es sobrevivir el tiempo suficiente para transformarse en polilla. El objetivo último de la polilla, una vez obtenidas las alas, es reproducirse y generar así una nueva oruga oso lanudo que retome el denuedo superviviente de sus padres. Hasta aquí todo correcto. Porque asumo que todos conocemos la maravillosa historia de las mariposas monarca, las batallitas de los criadores de gusanos de seda, las metáforas de dibujantes de animación y el proceso según el cual un gusano mal encarado segrega una sustancia en la que se envuelve para emerger transformado en una rutilante mariposa.

En condiciones normales el proceso puede tardar hasta dos meses. Es más o menos como escribir un relato un poco capullo (Sí, esto es un chiste de lepidópteros.): desde la minúscula y gelatinosa idea hasta la versión que decides considerar definitiva, pasas unas semanitas dándole vueltas, investigando lo justico, escribiendo y sales de la experiencia con treinta páginas bajo el brazo. Ha sido un esfuerzo, pero tras ese máximo de 60 días puedes desplegar tus alas de reluciente colorido, exhibirte si es lo tuyo o morirte del orgullo íntimo que da el trabajo cumplido.

La oruga oso lanudo del ártico, Oola para los amigos, es el primer animal que se despierta cuando llega el verano ártico. Chica madrugadora por excelencia, es también quien antes llega al buffet libre de brotes verdes y se pone a zampar. Empieza y no termina. En serio, sin exageraciones: es despuntar la estación, bostezar, cerrar las mandíbulas sobre una hoja y continuar, dale que te pego, estilo plaga bíblica, hasta que llegan los fríos polares. En el momento en el que Oola nota que el sol ya no calienta lo mismo, da el último bocado y se lanza en busca de un escondrijo donde pasar el invierno.

El invierno ártico dura la friolera (Sí, este es un chiste climatológico.) de seis meses.  Vamos, que el otoño no cuenta y la primavera… Así que tenemos una oruguita con la panza llena que no ha tenido tiempo de comer lo bastante para transformarse y se tiene que esconder. La tía hace lo que los osos: cierra sus ojitos de lepidóptera, se ralentiza y deja que el hielo la recubra por completo. Una creería que la conversión a carámbano mataría a Oola, pero no. A comienzos del siguiente verano, cuando el sol la descongela, nuestra futura polilla abre la boca para desperezarse y se lía de nuevo a la ingesta desbocada de plantas árticas.

¿Y esto cuántas veces lo hace? ¡Pues las que haga falta, hombre! El bicho tiene un objetivo: volar y beneficiarse a un polillo que lo valga para desovar en tiempo y forma y que la cosa siga y siga siga ¿Qué no es este año? El que viene nos va al pelo ¿Qué no es el que viene? Bueno, pues CATORCE AÑOS después de su primer despertar, en lo que nuestras hijas y sobrinas tardan en convertirse en pavas, Oola, redonda de tanto comer sin combinarlo con aeróbicos, comienza a segregar su seda.

Empieza entonces el verdadero tour de force, porque ese mismo verano tiene que desarrollar las alas, las antenitas y aprender a ligar. La cosa es que la tía lo consigue.

¿Y a qué nos lleva todo esto? Pues a que es absurdo gastarse el dinero en sicólogos y leer libros que te digan que las cosas que verdaderamente importan se consiguen manejando tres o cuatro variables básicas. O lo ves o no lo ves. Pero como creo que, cuanto más se diga, más posibilidades hay de que alguien lo vea, allá va:

1.- Establece tu objetivo.

Éste puede ser la supervivencia o escribir una novela que desentrañe los recovecos del alma humana. O aprender a hacer tortillas de patata comestibles, que también es muy loable.

2.- Comienza por el principio.

Y hazte a la idea de que Roma no se construyó en un día, ni las polillas oso del ártico (Polas) nacen en un momento. Vamos, que sabes cuando empiezas pero no cuándo terminas y te va a tocar trabajar más que a un tonto.

3.- Sé constante y no busques resultados evidentes inmediatos

Antes de adoptar su nombre de casada, Pola pasó catorce años llamándose Oola. De ella sólo se sabía que dormía durante nueve meses y comía durante tres. Nadie daba un duro por ella. Ni siquiera ella misma, que masticaba presa de una compulsión sólo justificable en aras de algo parecido a una corriente intuitiva.

4.- Que les den dos duros a los demás.

Oola continuó comiendo y durmiendo aunque los otros animales bailaban, cazaban y se apareaban a su alrededor. Ella ni se inmutó: siguió a lo suyo y, cuando supo que estaba preparada, se metió en su pelota de seda, se dio un repaso con khol  alrededor de las pestañas y salió de allí hecha toda una Pola. Más y mejor reinventada que Madonna.

Escribir no es más duro que cualquier otra cosa que se desee. O sea, que es MUY duro si se quiere hacer bien. Igual que debe de ser duro entrenar a diario durante cuatro años para dar vueltas sobre ti mismo en un potro durante cuatro minutos y que ganen los búlgaros en las olimpiadas de verano. Igual que pasar varias semanas ultimando la receta ideal del pastel de cumpleaños de tu hijo para que los peques lo devoren a puñados y no te den ni las gracias (que para eso son peques de fuiesta).

Es duro, pero compensa. Sólo hay que hacerlo desde las entrañas; lo que los sajones llaman guts. Con el cerebro pero desde las tripas. Lo que sale de ahí tiende a merecer la pena: si es un desecho, porque de eso te has librado; Y si es lo que buscabas, porque en eso consiste el éxito: en llegar a donde te dé la gana.

3 comentarios:

  1. Pues claro que merece la pena. Como estas reseñas o pensamientos. Anoche me quedé sin galletas a su hora y hoy ración doble, que colma las tripas.

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  2. Es increible como coges a una oruga y de alli no sale seda sino un ensayo filosofico-existencial de tres pares. Genial.

    Eso si, la idea de estarme 14 años comiendo 6 meses y durmiendo otros 6 meses..., no se yo..., bueno..., lo de dormir 6 meses dabuten, pero comer, que mira que comer me gusta..., pero dale que te pego hoja aqui y hoja alla durante 6 meses..., y solo hojas, nada de un buen chuletón a la piedra o unos huevos estrellaos con foie o cosas variadas y ricas..., no se..., no me convence...

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  3. Tres o cuatro semanas de comidita. Na más :) El verano ártico es una chufa :P

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