lunes, 18 de febrero de 2013

La vía del Samurai



Estoy cansada.

Esto no es una queja, ni un clamor al cielo sino un hecho: estoy cansada.

Por eso estos días se me ve menos por Facebook. Cada vez que entro encuentro una enorme cantidad de interferencias. Están las fotos de crecimiento personal con leyendas de las de vive y deja vivir, que siempre me han gustado en su justa medida y que ahora me ahogan. También encuentro fotografías de las que dicen lo bueno que es leer, algunas son muy graciosas. Hay publicidad a espuertas de unos y de otros. Antes había mucha mía también. Ahora hay poca o ninguna.

En general me aburro.

Me decían hace poco que es que yo soy una gafapasta y que, claro, así me ponen los huevos las gallinas. Siempre, desde que conocí el término, me he identificado con él: voy a exposiciones, me gusta comentar lo que veo; leo, me gusta hablar de lo que leo; escribo, me gusta hablar de escribir.

No he encontrado a mucha gente en las redes que disfrute del modo en que yo lo hago. Vamos, que no me he topado con muchos gafapastas. Y me pesa. Me siento un poco sola con todo el input que me chuto y sin personas de verdad con las que debatir ese input. Hace unos años, no muchos, sólo quería ser brillante y tener razón. Así que veía una peli, procuraba decir algo ingenioso al respecto y discutía hasta el infinito con quien me llevaba la contraria. Solo para tener razón.

Ahora echo de menos a alguien que tenga algo que decir acerca de alguna cosa. No pretendo ofender a nadie. Estoy segura de que la mayor parte de las personas cuyos estados leo son interesantes y tienen puntos de vista interesantes sobre al menos un par de cosas cada uno. Sin embargo, la mayoría de ellos se dedica durante muchas horas al día a actividades que a mí me parecen estériles.

Entiendo a los vendedores, a los polemistas, a los rotuladores de fotografías, a los graciosos, a los quejicas… Incluso disfruto de lo que hacen. El problema es que estoy saturada. No encuentro en la red ninguna conversación que me satisfaga. Seré una soseras, no lo niego. Pertenezco a ese grupo, que no sé si será poco numeroso o es que yo no he encontrado a sus miembros, que disfruta con una buena conversación a la vera de un café, de una caña o del chat de Facebook. Pero lo que yo considero una buena conversación escasea.

Lo que yo considero no es lo bueno, sólo es lo que yo considero.

Leo muros de escritores y me dan ganas de hacerme fontanera; o al menos de no decir nunca más que escribo. Aquí ya podéis empezar a ofenderos, si os va bien. Sigue sin ser mi intención, pero comprenderé la reacción. Veréis, es que cuando uno dice que es escritor, así, con todas las letras, dice muchas cosas, no sólo que escribe. Un escritor es una persona que se ha desarrollado intelectualmente al menos lo bastante para escribir una novela, un poemario o una colección de relatos. Al menos eso es en mi mundo un escritor. Mierda, me digo mientras releo. Resulta que conservo una visión romántica de los literatos. Repito: Mier-da. Es una idea a la que no quiero renunciar.

Quizá yo espere mucho de los intelectuales, yo creo que no. Espero lo mismo que de los científicos: un intelectual debe ejercitar su cerebro leyendo e intercambiando opiniones. El intercambio de opiniones es lo más enriquecedor que yo he encontrado hasta el momento. Te permite acercarte a un objeto, a una persona, a una situación, desde puntos de vista que ni te habrías planteado. Pero, para que ese intercambio se dé, debemos estar dispuestos a asumir que las opiniones de los demás son, al menos a priori, tan buenas como las nuestras.

Eso entre escritores no sucede. No sé si porque los egos de los que escriben han alcanzado tamaños inabarcables o porque los que se dicen en Facebook escritores solo son productores de textos escritos. Y mirad que me fastidia la distinción. De nuevo, creí que ya había pasado la época de las tonterías semánticas, que había dejado atrás aquello de escribidores, juntaletras y escritores. Pero va a resultar que creo que sí, que lo de ser escritor son palabras mayores.

Queda ahora decidir qué soy yo. En realidad es por ahí por donde debería haber empezado. Ya lo dice el señor kendoka con el que vivo: mi camino es mío. Nadie puede hacer mi camino por mí. Sólo yo puedo hacer mi camino. Añado yo que no puedo hacer el camino de los demás.

En mi camino está escribir. En mi camino debe haber personas. Sólo puedo desear que lo que escriba traiga a mí las personas adecuadas. Hasta ahora ha sido así: he tenido mucha más suerte con lo que he encontrado que con lo que he buscado.

Sigo releyendo y llego a lo de “debe haber personas”. Quizá no. Yo creo que sí, pero quizá no.

Seguiré informando.

8 comentarios:

  1. Vaya tono... Lo siento. Te entiendo. Yo hace tiempo que pienso un poco como tú. Ahora mi prioridad soy yo y mis necesidades. Me sorprende ver que no necesito escribir en este momento. Me agobia hasta el blog. En fin, sé que es una fase y que de ello saldrá algo positivo. Puede que escriba una obra maestra o cuelgue los lápices definitivamente. Eso nunca se sabe. Lo importante es escucharse, respetarse y actuar según necesites. Ya vendrá lo que tenga que venir. Un besote y mucha energía positiva.

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  2. Cafés y cañas son difíciles de compartir salvo vivas cerca. Los que tenemos la gran suerte de trabajar tampoco tenemos excesivo tiempo libre.

    El chat del FB es multidireccional, pero las conversaciones en plan Cafe Gijón no se crean solas y no siempre hay alguien al otro lado si no has "quedado". Otra cosa es que hubiera un grupo literario de ese estilo, aunque tal como se vive en FB el tema escrituril mucho me temo acabaría por ser como Manuel Bueno y Ramón del Valle-Inclán pero en virtual.

    Es decir, camina tu camino, y no pierdas tu visión romántica de los literatos, pero ten presente que es eso, una "visión". La realidad será, con suerte, parecida...

    Seguiremos leyendo :-)

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  3. Confieso mi culpa. Mi estado de ánimo a veces es lastimoso y me escondo en fotos con mensajes hechos. pero es que para escribir no sirvo, se me dan mejor las charlas, y de eso a veces no se puede tirar porque parece que uno se entromete en la privacidad de los demás, sobre todo de los que son más públicos.
    Confieso que tengo opinión sobre muchas cosas, y confieso que estoy cansado y que a veces cuando llego a casa no siempre tengo tiempo de hacerlo. Ganas sí, pero durante el día me resulta imposible. Otras veces los horarios de charla no son coincidentes con los de otros conocidos (amigos también son palabras mayores, como la de escribir).
    Sigo convencido de que todos tenemos camino. Mejor dicho, hacemos camino. Y ese camino lleva su tiempo. Ni puede ir más despacio ni más deprisa. Simplemente que aveces las velocidades de las personas no son parecidas (a veces ni siquiera las direcciones o el sentido de la marcha).
    Solo puedo desear no ser del grupo de personas sobrantes. En cualquier caso, disfruto con tus reflexiones, que me acompañan cuando las leo, aunque no siempre comente. Sigue caminando, aunque a veces parezca que caminas sola, pero...hay más gafapastas por ahí, aunque a veces sean invisible.
    Un abrazo

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  4. Pues yo creo que estar cansado de todo, en el fondo, es estar cansado de uno mismo. Y no hay mejor noticia que esa; porque cuando uno se agota a sí mismo, es cuando puede dar paso a lo siguiente, a lo que venga después, sea lo que sea. No es que la gente se vuelva anodina de repente, es que cambia tu percepción del entorno. Cambias tú. Etapa superada; pantalla nueva, please.

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  5. Manu, nadie tiene culpa de nada. Creo que Nieves está en lo cierto cuando dice que estoy entrando en una etapa nueva. Es una pena -y una suerte-que se sientan aludidos por palabras más o menos feas precisamente quienes menos las merecen.

    Ximo me decía que esperaba no ser de los que sobran, tú igual.

    No, no, y no. Me sobra el ruido, las interferencias, la basuilla que no me aporta nada. Y que esas cosas me molesten no es culpa de nadie más que mía, que pongo el foco en lugares equivocados.

    Lo digo porque es lo que me pasa, por nada más.

    Tengo aún que decidir que voy a hacer con Facebook. Toda esa gente de mi lista de amigos con la que no hablo, todos esos malos rollos que me llegan y con los que no tengo nada que ver. Esas pocas personas con las que me relaciono a pesar de que no me gustan.

    Porque sí: hay personas que seguro que son geniales, a las que la gente parece querer mucho y que a mí no me gustan. Eso es una de mis mierdecillas particulares: yo no quiero a todo el mundo, no me cae bien todo el mundo. Y eso da miedo.

    Por una parte el hastío, por otra el miedo de cerrar puertas a personas que quizá no lo merezcan. Me siento mala y fea cuando descubro que alguien no me gusta. Como si estuviera jugándome a los chinos el afecto que otros pudieran tenerme.

    Tienes razón, Esther: hay que escucharse con calma y respetarse. Es mi objetivo a corto plazo ¡Y cómo cuesta!

    Pero estoy bien. Tambaleante, como todo lo que dura :)

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  6. Nadie quiere a todo el mundo. Y si lo cree es que los quiere muy poco. Pero no tengas miedo. No es bueno ni justo para tí que te sientas mala y fea. Simplemente siéntete. Lo que escribes refleja todo lo contrario. Se te vea o no, se te echará de menos, no lo dudes. un beso. Se echan de menos tus galletas

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  7. Hola Alicia....

    Leo muros de escritores y me dan ganas de hacerme fontanera; o al menos de no decir nunca más que escribo.
    La frase me encanta porque explica perfectamente el punto que nos encontramos actualmente, aunque también se conocen muchas excepciones a las que el tema de la marca personal les trae al pairo.
    En cuanto al tedio del que hablas, disiento un poquito. Precisamente la época está cargada de posibilidades para no aburrirse. Haces un clic y saltan cientos de posibilidades... el problema es saber cazar una sola.
    Saluditos

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    Respuestas
    1. Bienvenid@ :)

      Yo es que soy un poco ciclotímica, así que tengo que darte la razón: aburrirse no es una opción en los tiempos que corren.

      Un saludo y mil gracias por leer y comentar :)

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