miércoles, 16 de enero de 2013

La liga de los hombres extraordinarios: Xabi Alonso


Xabi Alonso.



Eso he decidido hoy. Llevo una liga y media mirándole cada miércoles y cada sábado, preguntándome por qué demonios me llama tanto la atención. Medio en broma digo que me da mucha sensación de seguridad. Y es cierto. Creo que el atractivo de Xabi Alonso se debe a su mandíbula cuadrada y a la solidez de su juego.

Que no, no sé nada de fútbol, pero el hecho es que el trabajo de este hombre es vital para su equipo. Siempre me parece que las cámaras le enfocan poco. Apenas cuando sus compañeros materializan alguno de sus pases. Si el balonazo es bueno pero termina en agua de borrajas, el realizador se centra en el fallo del delantero y no en la pericia del medio campo. Así es la vida. Sin embargo, cuando no está, cuando no juega, su ausencia se nota. El equipo anda como vaca sin cencerro o como pollo sin cabeza. Las cosas se desordenan y los noventa minutos nos parecen más a los que vamos de blanco (o de verde ejecutivo dado el caso). Esto ocurre muy poco; si no recuerdo mal, la temporada pasada estuvo entre los cinco más presentes contando partidos de equipo y de selección.

Pues este trabajo básico, esencial, no se ve. Los expertos en esto del balón y las porterías lo tienen muy claro, por supuesto. Pero eso los que saben. Los aficionados circunstanciales, como yo, que veo al Madrid porque le tengo cariño desde que a los 15 me enamoré de un chico de mi clase al que apodaban Buitre por motivos obvios; pero que me acerco a la actualidad futbolera en función de si a mis amigos o a mi novio les apetece porque a mí no me molesta, pero tampoco se me abren las carnes con los eventos deportivos; los aficionados de puente aéreo, vaya, vemos lo obvio: que mete goles el que los mete, que se los marca al arco iris Sergio Ramos y que en los partidos aburridos se llega poco a puerta. 

¿Qué a dónde quiero llegar? Pues a que no todo es el resultado. A que en un equipo hay de todo. Gente muy brillante que figura todo el tiempo y gente muy sólida sin la que esos tan brillantes brillarían, sí, pero quizá con más esfuerzo.

Por otra parte, Xabi Alonso me gusta. Estoy cansada de decir que a mí los hombres no me excitan por estar buenos. Yo soy de las antiguas, de las que necesitan una conversación y un poco de reto. Y le he oído hablar. De fútbol, claro, que no es mi tema. Y para mí que no íbamos a tener mucho en común este señor y yo. Por su forma de expresarse y por su forma de jugar, creo que nos separan abismos de carácter. También creo que compartimos un cierto sentido de la justicia. A Xabi Alonso se le nota cuando ha hecho una falta: se le achican los ojillos, se le sale una media sonrisa y a mí no me queda más remedio que pensar: “Mirá el cabrón, cómo sabe que eso estaba feo, feo.” Y en esos casos no las protesta. Al menos yo no lo he visto. Ojo, que esto es percepción personal, sesgada por un enamoramiento platónico que quizá no me permita ver el bosque. A mí me pasa lo mismo: cuando soy una niña mala, se me pone un brillo especial en la mirada, me sonrojo y creo que hasta guapeo. Claro que, cuando me acusan de algo que no he hecho me pongo como una fiera. Ahí Xabi se muestra un poco más cauto que yo. Será porque a mí no me pueden sacar una roja de la vida –que a veces ya me gustaría, ya.-.

¿Habéis visto la última campaña de Emidio Tucci? Salía encantador. Te daban ganas de darle cuatro o cinco hijos para que los vistiera (él) de franela a lo familia Trapp. Y no digo de hacer los hijos, sino de dárselos ya hechos. No sé si he comentado ya lo de la solidez. Es un hombre, Xabi Alonso, no cabe duda. He estado revisando fotos y de jovencito ya apuntaba maneras. Se parecía a Dean, de Las chicas Gilmore. Un personaje que también tenía ciertos visos de solidez, aunque en las últimas temporadas me lo estropean.

Hoy, en la oficina, me he fijado en mi mejor amigo y he pensado que es una pena esta vida nuestra. Él hacía fotocopias. Yo estaba taladrando unas cosas para archivar. Xabi Alonso le da patadas a una pelota… Estamos viviendo en un mundo en el que es prácticamente imposible que cada uno de nosotros de lo mejor de sí. Me imagino la visión global de Alonso aplicada a una causa noble, al liderazgo de un equipo que se dedicase a hacer algo bueno de persona a persona. Me imagino la capacidad de análisis de mi amigo aplicada a los problemas que afectan al mundo. Me imagino a mí misma abrazando a la gente para que se sienta mejor (sí, en mi fuero interno creo que he nacido para algo así) y me muero de la tristeza.

Estamos todos desconectados de todos, hasta de nosotros mismos. Estamos ocupados, hasta la extenuación, en cumplir con unas obligaciones falsas: ¿Para qué sirven los balances de situación? ¿Para qué sirven los pases magistrales? ¿Para qué sirven los libros? (Bueno, lo de los libros lo digo con la boca muy pequeña). Hemos creado un mundo de monstruos artificiales que nos dominan y contra los que no podemos defendernos: nos ahogan las empresas. Personas con unos cerebros privilegiados utilizan sus dones para esclavizar a otras personas: crean necesidades inexistentes hasta ese momento, nos dicen lo que debemos sentir...

Desolador.

Y en medio de esa desolación yo me siento  contemplar la barba pelirroja de Xabi Alonso y a preguntarme si podría reclutarle para la Liga de los hombres extraordinarios. Se me ocurre que si juntara a los doce adecuados, quizá consiguiera cambiar las cosas.


3 comentarios:

  1. A mi me ha desolado esa frase tuya de que "estamos desconectados de todos". No quiero y me rebelo, pero es cierto... Necesito pensar ya que creo que todos tenemos algo de extraordinarios. Si no lo muestro algo falla

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  2. Todos somos islas en el universo..., y por desgracia cada vez hay más agua entre nosotros..., y por desgracia los abrazos son cada vez más una "rara avis"..., y sí..., cada vez "estamos y hacemos" pero no "somos y vemos".

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  3. Todos somos extraordinaros y todos nos parecemos, Manu. Por algún extraño motivo creemos que nosotros somos diferentes y los demás borregos adocenados.

    Estamos hechos de un raro...

    Hay que achicar ese agua como sea, Gustau :)

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