martes, 27 de noviembre de 2012

Literatura de riesgo


Esta va a ser una entrada corta.

Son las nueve y veinte de la noche, estoy en la cama con el portátil sobre una rodilla, una kinesiotape en la otra pierna, dolores muy desagradables, punzantes, de los que no te dejan descansar porque persisten en sueños y me he tomado un Lexatin. Creí que me quedaba Myolastan, pero no, hay que conformarse con las drogas blandas.

El ejemplo de escritor mártir que se me viene a la cabeza es Paul Sheldon, el que cae en manos de la adorable Annie Wilkes, una fan que le recoge de la carretera tras haber sufrido un accidente y que le mantiene en cama, bajo sus atentos cuidados, para que escriba una continuación de su novela favorita. Estos cuidados consisten, en último término,  en destrozarle la rodilla si no cumple con sus expectativas.

El maestro King vale para todo y así exorcizó, al menos en parte, el trauma sufrido tras su propio accidente de tráfico.

Yo llevo desde el sábado arrastrando la pierna derecha como una pordiosera arrastra su bolsa de tesoros o el Olentzero su saco de carbón. Hoy, tras ocho horas sentada en una silla ergonómica, meterme en el coche que me ha llevado hasta mi fisio ha sido un suplicio, os lo aseguro. Eso sí, nada comparable al viaje hasta casa, Vallecas abajo, hasta el metro, en el metro y luego Oporto arriba.

Durante el trayecto, cada vez que daba un paso me sentía a medio camino entre el Vincent Price de La caída de la casa Usher y La Siremita. He subido los tres pisos que me separaban de la cama desde la que escribo en una agonía. Quitarme los pantalones me ha llevado mi buen par de minutos, entre resoplidos, punzadas en la ingle y deolor reflejo en todo el muslo. Ahora mismo, imagino que en parte gracias al Lexatin, estoy agotada.

Caminar a mi ritmo de hace un rato por el metro de Madrid es un ultraje al modo de vida de la sociedad capitalista actual ¿Es que no tengo prisa? ¿Es que no me doy cuenta de que los demás tienen una hora de llegada. He entrado 45 minutos tarde en la oficina porque no podía caminar más rápido. A la vuelta he pedido perdón mentalmente a todas las personas a las que he demonizado por llevar una cadencia de paseo inconveniente a mis propósitos.

Sólo tengo una contractura en la ingle izquierda. Cuando me preguntan explico que me la he hecho en una orgía multitudinaria, porque resulta mucho más creíble que la realidad. Aún así, la sensación de debilidad, de fragilidad, es extrema. Cuando el mundo gira a unas revoluciones que no puedes alcanzar, el sentimiento de indefensión es abrumador. Al cerrar la puerta de casa (¡Por fin!), se me caían las lágrimas de frustración y de alivio a la vez.

Es una pena que siempre suceda así, que me cueste tanto ponerme en el lugar del otro hasta que la vida me pone efectivamente en ese lugar, pero así es. Creo que, a partir de ahora, miraré con más clemencia a mis congéneres. O eso espero.

Ahora, nobleza obliga: ¿cómo me he lesionado de esta manera? ¿Qué he hecho para terminar postrada en la cama las 21:40? Sencillo: escribir. El viernes pasado pasé un par de horas sentada en el sofá, al estilo indio, con el portátil sobre las piernas y la vida no ha sido la misma desde entonces.

Pequeñas y pequeños: no lo repitáis sin la ayuda de un adulto...

4 comentarios:

  1. Ánimos, wapa, a veces conviene hacerte amiga de tus debilidades y mostrar tu vulnerabilidad. Te hace más humana y te ayuda a darte cuenta de que existe un Otro que no es igual que tú pero que muestra sus propias debilidades sin tapujos. Eso nos hace más fuertes...
    Y haz el favor de dejar las drogas!!! No te veo como escritora romántica decimonónica!!
    Date permiso para descansar porque te lo mereces. Un abrazote!!!

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  2. Quedaba mejor mantener la excusa de la orgía y dejar al lector pensara alternativas. Nadie hubiera adivinado la realidad.
    Yo estuve unos dias con dolor en el talon de aquiles y parecia un abuelete renqueante, cuando yo "paseo" a velocidad de legionario, y mas que el dolor era extraño el cambio mental al ir a velocidad reducida.

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  3. Menos mal que nunca pude sentarme a lo indio porque no me dan las piernas.
    Mejórate Ali.
    Besos

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  4. Muchas gracias, chicos. Yo sospecho que mi cuerpo me pide que eche el freno. Ya veremos si le hago caso. A veces el cuerpo pide comodidad y no sabe que se puede acomodar en el paso siguiente :)

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