viernes, 17 de agosto de 2012

Instrucciones para entrar en una secta.




1.- Salga a hacer unas fotos con una familia a la que prácticamente desconoce y elija el rastro madrileño.
2.- Escoja un modelo pesado de cámara de fotos. La mía en aquel momento no pesaba mucho, era una Olympus 420-E.
3.- Si esto no es posible (por ejemplo porque no tiene mucho dinero y los modelos réflex tampoco pesan tanto) trabaje como secretaria durante una semana completa. Esto le garantizará un dolor de espalda digno de mejor causa, las cervicales destrozadas y toda una larga lista de síntomas que querrá aliviar.
4.- Deje de practicar el sexo durante un número crítico de meses. Los que usted considere necesarios para necesitarlo más o menos tanto como el comer.

En estas circunstancias me hallaba yo a finales de 2010 cuando me crucé con un grupo de gente de aspecto muy normal que portaba un precioso cartel azul con una mano en la que habían coloreado los puntos reflejos de los chakras en los dedos. Además debo decir que cuando salgo con desconocidos me pongo un traje buenrrollista  que desde aquel día he colgado para no car en los mismos errores. Pero bueno, que lo que pasa es que, como quiero quedar bien, me pongo en modo complaciente.- Así que cuando una señora del grupo de la mano coloreada me dijo que si quería que me reactivara la energía de la espalda, le dije que sí.

La verdad es que fue muy placentero. No me puso una mano encima, pero a mí me hacían chiribitas las epiteliales. Cosa de la energía esa, supongo. Tardó 5 minutos en hacerme unos pases mágicos por la espalda, me dio una tarjeta azul con un teléfono, una web y una dirección.

El viernes siguiente, tras romper todos mis prejuicios y todos los hábitos que, durante años, había cultivado para convertirme en la mujer antitodolonuevodelmundonovayaaser que era hace 18 meses, me presenté en la sede de Sahaja Yoga de Madrid. Cuando llegué no se había terminado la clase anterior, así que esperé en la entrada. La sede de la secta está en una planta baja de la calle Matilde Hernández. Nada más cruzar la puerta te encuentras con unos banquitos donde descalzarte y unas perchas para colgar los abrigos. A la derecha se abría una cocina y un cuartito que resultó estar lleno de libros en el que también había un par de sillas bajas.

Cuando la clase terminó, una mujer nos recibió en ese cuartito, nos explicó algunas cosas que hoy no recuerdo y realizamos (había una mujer y un hombre que acudían allí por primera vez) un ritual de apertura de los canales de nuestra enrgía. Nada porno, señoras y señores. Ejercicios de respiración y poco más. En ese recién adquirido estado de pureza espiritual (así de rápido se alcanza la pureza), entramos en la clase siguiente.

Recuerdo que no me gustó. Sobre todo, vimos un vídeo larguísimo de Shri Mataji, la fundadora de la secta y no meditamos casi nada. Yo había ido allí a meditar y salí bastante desanimada. Peeeerooooo, como estaba empeñada en hacer un cambio radical en mi vida, decidí darle una segunda oportunidad a aquello y allí me presenté al viernes siguiente.

¡Ja! Aquello ya era otra cosa. Para empezar el profe ya no era la señora de la apertura de canales, sino un tío con cierto atractivo, calvo como una peonza, con sus gafas de pasta, su ropa de colores crudos, ancha y cómoda y el buen gusto de dirigirse a mí cada vez que abría la boca. Yo soy una mujer de ego sensible, como quizá hayáis ido notando, así que mi ego se sensibilizó y no perdió comba. Además, en aquella clase hicimos nuestros primeros ejercicios de respiración, aprendimos las reglas básicas de meditación y nos pusimos a jugar con las energías del prójimo; ya sabéis, a hacer los pases mágicos aquellos que me habían gustado tanto durante mi paseo por el rastro.

Así las cosas, el viernes siguiente me llevé a una amiga. Mi amiga, de todos conocida como “la hierbas” en la oficina, una chica encantadora, la persona menos proclive a la discusión que yo haya conocido, salió de allí con los mismos niveles de entusiasmo que yo. Ella había hecho yoga previamente y aquello no la pillaba del todo de nuevas. Nos cimpramos unos cubos de plástico chulísimos para hacernos una limpieza diaria de pies y alma, nos compramos los mismos CDs de Ommmmmms y mantras (esto fuera de la secta, es que somos del modo compulsivo, las dos) y el viernes siguiente volvimos.

De hecho, a los dos viernes volvimos con una tercera amiga. Esta mucho menos encantada que nosotras porque tiene problemas para relajarse, me comunicó que no volvía.

Esa semana, mi amiga me llamó para decirme que el profe la había llamado por teléfono y le había pedido el mío. Ella no se lo había dado (bien por Emi), aunque no recuerdo por qué sí le había dado el propio… La cuestión es que nos invitaba a las dos a participar en un grupo avanzado de meditación los sábados por la mañana. De nueve a dos.

Yo caminaba por el barrio de Salamanca con mi amiga la desertora y recuerdo como si fuera ahora mismo que me puse súper contenta. Como si me hubiera tocado la lotería. Fue, literalmente, como un premio. Eso sí, alguna neurona sana me debía de quedar, porque cuando colgué y le conté a mi amiga lo que había pasado, le dije también:

- Oye, que si me notas que hago cosas raras, dímelo. No sea que esto sea una secta.

Claro, que no me hizo mucha falta. El sábado por la mañana, Emi no pudo venir, así que fui sola. Tras hacer nuestros ejercicios respiratorios en un local diferente, mucho más iluminado (o igual es que subimos las persianas, no estoy segura), comenzaron tres largas horas de discurso lavacerebros. De verdad. A  saco y sin paños calientes ni ningún cuidado. Yo no sé qué harían las demás (todas las reclutadas para el grupito de niños especiales éramos mujeres), pero yo no he vuelto. En aquella primera sesión nos dijeron que nosotros ya no érmso como los demás, habíamos entrado en une stado diferente de conciencia y por tanto era normal que la gente empezara a distanciarse de nosotros. Sí, sí, incluso la gente cercana no podría comprender nuestro cambio. Porque nosotros ya no vivíamos en el mismo mundo que todos ellos. Nosotros éramos especiales, teníamos poderes.

Juro que nos dijeron sin ningún sonrojo que teníamos poderes. Que nosotros ya podíamos notar las energías de la gente y saber cuando alguien era perjudicial. Y que eso se desarrollaría y nos llevaría a estados más profundos del conocimiento y que sabríamos más.

Y así de fácil, señoras y señores, se puede entrar en una secta.


Aunque no estoy de acuerdo con que la meditación en sí misma sea dañina, os pongo este enlace, en el que se habla de la Asociación Sahaja Yoga. Y os animo a que busquéis más información.



4 comentarios:

  1. La meditación es buena!! Sólo hay que saber dónde se va a meditar y ser muy escéptico al principio. A mí me ayuda que me cuesta mucho coger confianza con la gente, así de primeras, y he podido tomar distancias de ciertas situaciones también un poco surrealista (no a tu nivel obviamente ;-)). Yo también necesité un cambio en mi vida pero he tenido suerte y no se ha cruzado ninguna secta en mi camino, sólo gente maravillosa que me ha ayudado a superar un montón de historias. Me alegro de los cambios que he hecho e incorporar la meditación a mi cotidianidad me ha ayudado muchísimo a centrarme y a no ser un pollo sin cabeza nunca más.
    Soy consciente de que sueno un poco flower power o sensei (como me llamas) o cumba pero me gustaría que todo el mundo se sintiera tan bien como yo ahora con los cambios que he realizado en mi vida.
    Y ya no hablo más de mí... Me ha gustado tu post y que compartas un trocito de ti con ese tono tuyo tan especial, una voz entre irónica y suspicaz. Y así te conocemos un poco mejor ;-) Un abrazo enorme!!
    PS: Quiero sabes más de la novela ;-)

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  2. Oooooooh! Qué cosas te pasan! Y no te puedes quedar en casa intoxicándote a a base glutomáto monosódico, glucosa & sacarosa y alcohol como todas? Nunca me han secteado... uummm.

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  3. Gracias Erie. Ya sabes que este post se forjó ayer entre bambalinas :)

    Dulce, cuando quieras te llevo. Si no tienen dadas de alta alertas de Google igual me dejan pasar :P

    Chuches y alcohol también uso, síp...

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  4. Yo medito y no tengo problemas de lavado de cerebro porque pertenezco a la secta del maestro YoMiMeConmigo, que es muy bueno y me deja invitarle a comer y que le pague el alguiler.

    Lo que no te pase a ti..., Alicia..., eres una cajita de sorpresas...

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Gracias por participar!!