martes, 1 de mayo de 2012

Primero de mayo

Mañana vuelvo a las palabras.
A las propias.




Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Antonio Machado



Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado

de una tierra descontenta 
un insatisfecho arado.



Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.





Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente 
en los huesos de la tierra. 

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.




Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.


 Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepurtura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
resuelve mi alma de encina.

Le veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
u declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.



Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros. 

Miguel Hernández


Porque no hay peor ciego que el que no quiere ver.

4 comentarios:

  1. Precioso Alicia!! Grandes poetas, grandes palabras!!

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  2. :) Gracias.

    Y las foticos son mías. De hoy :)

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  3. En muchos se está asentando una honda pena y con pena no se puede luchar. Es preciso tener ilusión y esperanza, si no, es demasiado fácil rendirse.

    Un abrazo, Alicia.

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    Respuestas
    1. Es verdad, Antonia.

      La pena, la resignación y el miedo son los peores enemigos.

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