domingo, 22 de abril de 2012

Cuando los gatos bufan





No hay mucha diferencia entre el tipo de pensamiento que está detrás de la idea de que los gatos son unos animales altivos, despegados, incapaces de lealtad alguna, poco dignos de confianza y el pensamiento que está detrás de la idea de que el fútbol es un espectáculo que sólo consumen personas incultas, brutales, con ninguna sensibilidad y poco dignas de respeto.

Resulta curioso que quienes defienden esa segunda idea se parezcan mucho a los gatos, que bufan cuando se sienten amenazados.

Sé que no hago más que dar vueltas, entrada aquí, entrada allá, a lo pequeñas que somos las personas. Tenemos a veces destellos de grandeza, pero en nuestra vida diaria somos tan pequeñas que casi ni se nos ve.

Los gatos bufan cuando se ven en peligro, muchos animales se inflan o se llenan de espinas, o parece que doblan su tamaño cuando creen que tienen un enemigo cerca. El ser humano no tiene espinas ni se infla a voluntad, pero es capaz de destilar muchos tipos de veneno. Una pena que no podamos distinguir un veneno realmente ofensivo de uno defensivo.

Sospecho que quienes dicen que el fútbol es el mayor de los males del mundo no pensarían lo mismo si su minoritarísima forma de ocio se convirtiera en trending topic no en Twitter, sino en la vida. Si un buen día el espacio que hoy se dedica al fútbol en los telediarios y los periódicos se dedicase a la poesía, si todo hijo de vecino tuviese un poeta favorito cuyos poemas recitase de memoria, con sentimiento y a quien defendiese a ultranza ante quien se atreviese a criticar su capacidad para la rima, los intelectuales estúpidos (y sólo los estúpidos) dejarían de pensar que un producto consumido por una gran mayoría es un producto deleznable. Esos gatos dejarían de bufar.

Aunque el problema no es que esos señores no estén de moda. El problema es por qué creen que no lo están. Cuando la mayoría no está contigo, cuando además eres incapaz de comprender por qué la mayoría está donde está, resulta complicado no sentirse mal, inadecuado. Al final somos seres sociales, necesitamos aprobación, necesitamos sentir que pertenecemos a un grupo. Y si no somos capaces de abrazar por completo el credo y las costumbres del grupo, terminamos por abandonarlo en busca de un grupo que encaje mejor con nosotros. Y cuando encontramos ese otro grupo la reacción lógica es atacar al primer grupo al que pertenecimos y del que huimos. 

Porque no estamos educados para admitir que haya más de una solución correcta al mismo problema, ni más de un modo correcto de vivir la vida. Así que como no me gustan las magdalenas, aquellos a quienes sí les gustan son una panda de analfabetos comemagdalenas con los que es imposible razonar ¿Cómo vas a razonar con alguien que come algo tan repugnante, tan lleno de azúcares, de grasa?

La gente que vale la pena es la gente que come galletas. Las galletas son dulces pero no demasiado, no se desmigan, se conservan mejor, no se endurecen. Las galletas son mucho más civilizadas que las magdalenas por lo mismo que la literatura es mucho más civilizada que el fúbol.

Lo malo es que los comedores de magdalenas piensan de los comedores de galletas que no tienen ni la menor idea; pero los comedores de magdalenas son mayoría, así que no tienen la necesidad de hablar mal ni de las galletas ni de los comegalletas. A los tíos de la magdalena las galletas les son indiferentes. Los de las galletas en cambio querrían acabar con todos los comemagdalenas del universo de un solo plumazo.

¡Qué malo es el fascismo!

Ahora bien ¿Qué pasa con aquellos que desayunan un día magdalenas, al siguiente galletas, al otro un suizo, el cuarto día una barrita con tomate y al sexto ni siquiera desayunan? ¡veletas!

Esos, que somos la mayoría de verdad ¿qué pasa con nosotros? Porque os aseguro que no es sencillo que un escritor te tome en serio cuando te ha oído comentar una jugada de fútbol y es muy complicado que un futbolero te haga caso si te ve con las obras completas de Yeats bajo el brazo, gafitas y pantalones de pana. será que no tenemos criterio, ni las cosas claras. No vamos a llegar a ningún sitio, si seguimos así.

Unos son unos blandos, los otros unos brutos. Y al final todos son gatos que bufan porque cuando a alguien le dicen que lo suyo no vale, lo que en realidad oye es que quien no vale es él.

No nos damos cuenta no sólo de que los demás son mucho más de lo que muestran, sino de que nosotros mismos también somos mucho más de lo que los demás ven.

¿Y qué si me gusta ver pelis de terror de los ochenta? ¿Y qué si leo ensayos sobre las cualidades del vinagre? ¿Y qué si veo hasta el último partido de fútbol? ¿Y qué si hago punto hasta que me caigo de sueño? ¿Qué pasa? 

Cada uno de nosotros es mucho más que lo que hace, que lo que dice, que lo que piensa y que lo que parece. Una persona buena no tiene por qué ser culta; una persona interesante no tiene que haber leído hasta la guía telefónica. El ser humano era humano antes de la literatura, se comunicaba antes de escribir y antes de inventar el balón. Era humano y no necesitaba ser mejor. era lo que era y su identidad no dependía de toda la basura de la que depende ahora nuestra identidad.

A lo mejor no somos capaces de respetar todo eso en los demás porque no nos respetamos a nosotros mismos. Porque si de verdad estuviésemos seguros de que nuestra manera de entender la vida es la correcta ¿por qué nos ocuparíamos de cómo la entienden los demás?

Total, que los dos primeros goles del clásico de ayer fueron puro churro, el de Cristiano Ronaldo una maravilla y ahora me voy a escribir un capítulo de mi novela. Ya vale de darle vueltas a lo que pensáis de mi...












6 comentarios:

  1. Estaba al 100% contigo hasta que leyendo me di cuenta de que no eres una comemagdalenas, no de las de verdad. En ese momento me di cuenta de que no tenías el menor criterio, por lo cual dejé de prestar atención a tu ensayo filosóficogalletero. Al menos hasta intuir que eras del Barça y perdonártelo todo. :-)

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  2. jajaja...y menos mal que ganó...si no...la entrada...jajaja...Muy de acuerdo en lo de que no respetamos en los demás, por que no nos respetamos a nosotros mismos...Aunque para mí lo que sobra en el futbol son los insultos, la falta de valores que tienen algunos entrenadores y futbolistas...seguro que entre los escritores encontramos cosas por igual...pero no nos las ponen en el telediario de las 3...
    Aún así...bravo amore y Aupa Athletic!!!! IUMMMM

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  3. Mi astonishment brunette, es que en cuanto ves a 22 nenes en pantalón corto te pones de un serio. Hay una vertiente de reflexión que se te escapa en tu exposición, es la de recriminación y menosprecio de los gustos minoritarios cuando estos pasan a la generalidad, es decir del indi al mainstream. Estoy segura de que si todos los que leéis a Yeat (manda narices teniendo a Lagerlöf) vierais que el irlandés se convierte en moda de decorar carpetas y hacer merchandising, levantarías las narices muy dignos y asegurarías: “Antes eran mejor se ha vendido al sistema, cuando estaba en un sello independiente sí que era auténtico.”
    Por otra parte no hay que olvidar que el gregarismo, la necesidad de sentirnos aceptados, acompañados y protegidos por el grupo (cuantos más seamos a menos porción de hostia tocaremos si caen) se encuentra en lucha perpetua con el imperativo de destacar entre la masa. Yo, por si acaso, me forro “Narciso y Goldmundo” con las tapas de la Woman pocket cuando voy en el metro por aquello de la reputación.
    Me gustan los gatos. También las magdalenas. Todo junto no sé qué tal….

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    1. Yo no leo a Yeats... Y al otro ni le había oído.

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    2. Y además yo soy una tía muy muy seria.

      Y además había muchos más de 22 en pantaloneta, maja.

      ¿Lagerlöf es primo de Lagerfeld????

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