jueves, 22 de marzo de 2012

Ilusión... et omnia vanitas


El dibujo es obra de Ralph Steadman




Llevo todo el día dándole vueltas. Por nada en particular: llevo una semana trabajando más que nunca, escribiendo más que en mucho tiempo, participando en proyectos de los que disfruto, compartiendo mi vida con personas que me importan, observando cómo a mi alrededor se trazan planes, se construyen esperanzas... Y durante todas las horas que paso haciendo todo eso, antes o después alguien dice o yo formulo, las palabras mágicas: Me hace mucha ilusión.

Es especialmente notable en Facebook. No sé qué sería de mi blog sin Facebook, de hecho. Tendría que ver la tele o leer el periódico, Dios no lo quiera. Afortunadamente tengo un par de docenas de relaciones virtuales, pertenezco a algunos grupos y cotilleo cuanto puedo. A veces más de lo que puedo. Facebook es como el dinero, que en ocasiones uno se gasta más del que tiene; lo que en palabras del propio Dickens, sólo lleva al desastre, la ignominia y la iniquidad. Con Facebook el resultado no siempre es tan lamentable. A veces una mira, remira y se encuentra con ilusiones. Con muchísimas ilusiones.

Hay quien comparte las mías. Las de orden literario. Hay muchos escritores con una novela reciente, con olor aún a levadura y cierto calorcete de horno del que no se han desprendido. Se les nota la ilusión en la amplitud de las preguntas. Y sí, digo amplitud y me refiero a amplitud, no a cantidad -que también-. Hacen preguntas del estilo ¿alguien sabe algo? Y acudimos en tropel a responderlas quienes, azotados por esa misma ilusión,  las hemos hecho antes y hemos recibido respuesta.

No sé a los demás. A mí me parece todo muy tierno. Vamos por ahí corriendo como el conejito de mi tocaya, reloj en mano porque llegamos tarde y lo mismo el Sombrerero o la Liebre de Marzo se comen nuestra porción de tarta.  Es tierno y bisoño. Naif, muy inocente.

Así que he leído hoy algunas publicaciones de gente que está en el umbral de la publicación, con su novela envuelta como para regalo después de haber dejado que otros la desnudaran, le clavaran la piel con alfileres a un tablero, le hicieran una autopsia en principio bien intencionada y se la devolvieran sanguinolenta y ya cansada. He leído esas publicaciones cargadas de ilusión y no he podido evitar ver algo detrás de las ilusiones.

No se ofenda nadie, por Dios, porque uno no es capaz de ver nada que no posea en cierta medida; lo que quiere decir que detrás de mi ilusión también hay monstruos. Y sé que las dimensiones de esos monstruos míos son descomunales.

En fin, que me ha parecido ver, cubierta de purpurina y raso, un poco al desgaire, algunos jirones de vanidad. Y me ha hecho gracia. Me ha hecho gracia porque uno escribe, como decía hoy el maestro King, por dos razones: para complacerse a sí mismo y para complacer a otros. Dos razones distintas y un sólo dios verdadero ¿Qué obtiene uno cuando complace a otros? halagos, aplausos, palmaditas en la espalda, felicitaciones. O sea, placer. Placer del bueno, bueno. Mejor que el sexo, os lo digo yo.

Y ahora me imagino a las niñas dulces, a las mujeres maduras, a los chicos serios o pícaros, a los señores más o menos mayores y a mí misma formando parte de una especie de orgía onanística. Cada uno ofreciendo al mundo sus obras y recibiendo a cambio -pongámonos optimistas- dosis y dosis de placer en forma de piropos, de pulgares al viento, de paréntesis y dos puntos... ¡Ah! ¡Qué baño de reconocimiento! ¡Qué ilusión!

Sin embargo es cierto que a todos nos hace ilusión. Nos hace tanta ilusión como nos hacía la noche de Reyes, tanta como una primera cita, que nos lean, que nos comenten. Mucha más ilusión nos hace que nos publiquen otros. Porque la autopublicación está bien, pero que otra persona, que una EMPRESA, decida que nuestra obra merece sus esfuerzos primero y el dinero de los lectores después... Eso sí que hace ilusión.

Y nada más lejos de mi voluntad que fastidiar a nadie con mis cosas. Lo que ocurre es que el ser humano cada día me interesa más. Entendámonos: sé que nada de esto es nuevo, sé que no he inventado la rueda ni descubierto el fuego. Pero sí he aprendido una manera nueva de mirarme. Sí he visto una rendija que lleva al mismo sitio al que conducen todas las demás. Ya lo decía en el título: et omnia vanitas...

Y cómo me gusta, cómo disfruto viendo más de una cara de la moneda.
Aseguro además que sin juicio alguno. Somos humanos, tenemos miedo. Nuestra misión es evitar la muerte. y si la ilusión y la vanidad sirven para conseguirlo, benditas sean.


16 comentarios:

  1. Eres sabia....mucho...comparto tu opinión totalmente...salvo en lo de llamar a eso "tierno"...;)

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  2. ¡¡¡Ilusión. Qué cerca queda de la esperanza que es el mayor de los males que atesoraba la caja de Pandora!!!
    El otro día un nene me miró de arriba a abajo deteniéndose lo mínimo en mis caderas, que era inversamente proporcional a lo correcto para mis ojos. Hizo una mueca que él llama sonrisa y dijo: Hoy te has vestido para gustarte.
    Siempre lo hago, también cuando escribo, que los demás digan que soy una hortera o que visto como una hetaira moderna no me importa. Lo mismo me pasa con lo de juntar letras. ¿Qué otros vengan a decirme si valgo la pena, que otros vengan a poner precio a lo que hago, qué otros me traigan ilusiones o decepciones bajo el brazo? Hoy no nena .
    Maquíllate ponte guapa y escribe para enamorarte o al menos para echarte un polvo decente.
    Trahimur omnes laudis studio brunette one. ;)

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  3. Facebook me entretiene, pero no me entusiasma. Twitter, no solo no termino de entenderlo, sino que me aburre. Los chats me desesperan; me incómoda chatear con alguien al que no sé si le aburro o le entretengo. En cambio, los foros (si la temática no es aburrida o monótona) me gustan más. Y el wattpad, también. Los blogs tienen sus ratos. Unas veces escribo mucho en ellos, y otras no quiero ni verlos.

    Eso es para mí, internet ;)

    Saludos.

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  4. Me has salido tibio... :)

    La verdad es que me parece una postura de lo más razonable. Yo es que razonable soy a ratos nada más... Lamentablemente :)

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  5. Hola, Alicia, me ha gustado mucho tu artículo. Mi vanidad se ve a sí misma detrás de tus palabras. Pero, ¿se puede llegar a publicar si no la tienes? Yo soy tímida, mucho, y, para mí, al principio, que me leyeran era desnudarme. Pero el rubor me duró poco. Si no te desnudas no te muestras. Y un escritor debe mostrarse. Para mostrarse hay que creer en uno mismo, de ahí a ser vanidoso... pues no sé, tal vez dependa de quién te observe y lo que opine de tu cuerpo.

    Un abrazo.

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  6. Hola Amelia.
    Gracias por pasarte.
    Yo no creo que un poco de vanidad sea mala, ni creo que todos los escritores sean vanidosos... Ni creo que la fe en uno mismo sea vanidad. De hecho, sin fe en uno mismo, ni se escribe ni se vive mucho tiempo, me temo.

    En realidad el artículo no pretende acusar a nadie de nada. Al final todos somos humanos y todos tenemos las mismas virtudes y los mismos defectos, pero repartidos en diferentes proporciones. Creo.

    Por cierto, me gustó mucho tu blog (y no lo digo por halagar tu vanidad :))

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    1. Hola, Alicia, vi hoy tu mensaje en mi blog. Soy un desastre y me olvidé de que los comentarios estaban moderados. Y mira que pensaba, joeee, qué pocos comentarios últimamente. Pero San Google no me avisó y, en fin, que te respondí hoy.

      No me tomé tu artículo como una acusación, simplemente como una observación, pero sí me vi reflejada en algunas de tus frases. Yo he dicho que soy escritora y hay quien se ha burlado de esa convicción. A mí, sinceramente, eso sí que me trae al fresco, no por vanidad, creo que es por madurez. Ya tengo muchos años como para que ese tipo de cosas me afecten. Al leer tu publicación pensé en esas personas y respondí.

      No sé si los escritores son vanidosos o no, yo creo que no lo soy, sobre todo porque la vanidad tiene detrás un componente de falso valor, de fraude que yo, a estas alturas, no puedo reconocerme porque estaría reconociendo con ello que lo que escribo no es lo suficientemente bueno como para luchar por ello y eso, como tú comprenderás, no puedo hacerlo.

      Sin embargo, creo que, para salir de la cáscara, el escritor debe romperla él solito y eso, o lo aderezas con un poco de autoestima o es mucho más difícil luchar por ti. Si no le dices a un editor: "Mira, aquí está mi novela, es la mejor que has leído" es porque no te lo crees ni tú. Algunos confundirán eso con vanidad pero puede ser simple márquetin. Nadie te comprará lo que tú mismo no valoras.

      Un abrazo, Alicia, seguiré leyéndote. Por cierto, a mí me gusta tu blog y también me gusta cómo escribes.

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    2. Estoy muy cansada tras un viaje con parada en un sitio que me ha encantado, pero no tan cansada como para no decir que estoy de acuerdo contigo.

      ¡¡¡Nos vemos por las redes!!!

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    3. :) Estoy intentando limitar la promoción de mi libro y la participación en las redes. De vez en cuando hago experimentos y el último, el de la publicación en Amazon, cada día me gusta menos, así que voy a seguir experimentando e intentaré pasarme menos por los grupos. No sé si es imprescindible estar allí para que te lean. Lo veré en los próximos días.

      De paso, a ver si puedo dedicar tiempo a escribir. No soy capaz de estar en todos lados y a la vez centrarme en una novela, creí que sí, pero no.

      Un beso, Alicia.

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  7. Ufff, la fina frontera entre creerse los comentarios y buenas críticas y CREERSE ser la repera limonera. A mi me da bastante miedo, tanto que ante una critica del tipo "es un relato genial" me acojono, porque después de "genial" solo queda "sublime" y después de ese "eres el nuevo borges", y claro, pues como que no.

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    1. Es que hay gente que dice genial porque no sabe qué decir y eso es fácil, queda bien y a todos les gusta leerlo. Aunque en realidad es tanto como decir: Ese relato es una mierda.

      Coño, a mí razóname las críticas buenas y las malas, que si no no me apaño...

      Y sí, en ocasiones también yo digo lo de ole, ole qué bueno y ahí lo dejo...

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    2. Pues yo disiento de las dos. Hace un mes había tenido solo unos veinte o treinta lectores de mis dos novelas, contando por lo alto. Lo bueno de publicar la primera en Amazon ha sido que, de repente, me salen lectores por san féisbuk y aunque no han sido miles como en el caso de otros noveles que han publicado allí, sí han llegado a ser los suficientes como para que sus opiniones me hayan ayudado a darme cuenta de una cosa: un lector no es un escritor (aunque pueda serlo). Eso significa que no siempre sabe cómo razonar su crítica y solo se basa en sus entimientos y, para él, genial es eso: genial. Y no porque no conozca palabras técnicas o teoría literaria su opinión es menos importante.

      Las críticas que yo he recibido han sido buenas siempre excepto en una ocasión curiosa, proveniente de alguien de mucho renombre en las redes. Las buenas son del tipo: "es la novela más hermosa que he leído". Bueno, creo que ahí estoy yo para saber darle el justo valor a esa opinión. Para mí significa que mi novela le ha hecho sentir a alguien eso, que le ha parecido la más hermosa que ha leído, y punto. Ni por asomo me creo la pera limonera ni el nuevo borges. Y es que también sé que hay mucha gente que, antes que decir que algo que te ha costado mucho trabajo crear y que le muestras con toda la ilusión es una porquería, se cortaría la lengua (o casi).

      No sé, creo que la literatura es un arte y, como tal, es subjetivo y valen todas las opiniones. Ni todas las novelas son para todos los lectores ni todos los lectores para todas las novelas. Perdonad el rollo, porfa.

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    3. Pues yo creo que todo el mundo es capaz de dar los motivos por los que una obra le ha gustado. A eso me refiero cuando hablo de razonar. No hace falta ser escultor para saber si Laocoonte y sus hijos te parece desagradable porque es una escultura retorcida o te encanta porque las expresiones de los rostros parecen reales. Ni hace falta ser arquitecto para saber que el kremlin (¿Es con K?) te hace gracia porque parece un castillo de cuento o te parece una frivolidad porque no es serio tanto colorín.

      La percepción es subjetiva, pero la subjetividad también se puede explicar. Yo no exijo a todo el mundo la misma solvencia intelectual, que depende de muchas cosas, no viene dada por la naturaleza ni es el valor supremo en el que baso mis filias y mis fobias; pero dado que los lectores leen y dado que tienen opiniones acerca de lo que leen, me gusta que vayan un poco más allá del "esto mola, esto no mola nada".

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  8. Pues también tienes razón. Cualquiera sabe decir por qué le gusta o no un cuadro, lo mismo una novela. No hace falta dar razones técnicas pero sí las tuyas.
    Un abrazo, Alicia.

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Gracias por participar!!