domingo, 18 de septiembre de 2011

Generosidad


Hace unas horas he sido testigo de un acto de generosidad genuína. Me he sentado en el lago frente al palacio de cristal, en el Retiro. Me he quedado ahí, a freírme bajo el sol, como una media hora; he observado y disfrutado la belleza del agua propulsada contra el cielo; he visto cómo varias familias daban de comer a los peces y a los patos. Ha sido un poco como ver una película de monstruos de Ed Wood o alguno de sus coetáneos. Los peces que viven en esas aguas se han vuelto gigantes gracias al alimento que reciben de los turistas y hoy he visto como enseñan los labios abiertos que surgen desde las profundidades en forma de círculos. Como las ventosas carnívoras de un kraken. Sólo que las ventosas de los krakens no son carnívoras y que estos peces comían manzana y palomitas.

Entre toda la gente que se ha sentado y levantado a mi alrededor había un padre chino con dos niñas chinas preciosas e independientes; una mujer blanca y un hombre negro con tres niños negros llenos de energía y entusiasmo. Esta familia es la que ha llenado el agua de trozos de manzana. Daba gusto oírles lanzar chillidos de placer cada vez que uno de los monstruos abisales asomaba boca y lomo para engullir los pedazos que les arrojaban. Por último, se han sentado dos mujeres adultas y una niña de unos 6 o 7 años. Justo la de la foto.

Después de unos buenos diez minutos ha aparecido el chaval de la camiseta de rayas que asoma entre las piernas de esa mujer, se ha sentado ahí y se ha puesto a contemplar los avances alimentarios de los peces. Cuando la niña se ha dado cuenta le ha dado una patata frita para que la tirase al agua. El niño la ha aceptado  cuando ha terminado de partirla en trocitos ha pedido más. La niña le ha dado otra y una de las mujeres, supongo que la que sostenía la bolsa de patatas, le ha dado un puñado.

Me ha parecido como una muestra de los resultados de la generosidad y la fe: La niña ha ofrecido lo que tenía en la confianza de que de donde había llegado eso, vendría más. Y así ha sido. Una conciencia de abundancia tal que ni siquiera ha tenido que seguir entregando lo suyo; la fuente original de patatas, lo que para los lectores del Secreto es el universo, ha provisto al niño de más patatas.

Tanto que aprender de un gesto tan pequeño.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por participar!!