lunes, 19 de septiembre de 2011

Con rastas y a lo loco

Porque si se llevan rastas no se puede ir de otra manera, así que a lo loco.

Asumámoslo: los que llevan el pelo en rastas, en trenzas, de colores, los que llevan piercings, tatuajes evidentes, cresta, maquillaje de estilo gótico o se salen de la norma de cualquier otra manera son una panda de desarrapados, irresponsable, sucios, drogadictos, ladrones, transmisores de enfermedades. Una cuadrilla –porque  van todos juntos, forman una logia secreta, que me lo han dicho a mí- de gente sin preparación, estudios, modales, sentido de la decencia y además unos fuera de la ley a los que no importa lo que los demás piensen de ellos. Porque si les importara un poco, si tuvieran la menor sensibilidad hacia los sentimientos de los demás, si tuvieran un indicio siquiera de lo que significa vivir en sociedad, no llevarían esas pintas.

Supongo que ha quedado claro.





¿Ha quedado claro?

Porque estos son los únicos motivos que se me ocurren para justificar la decisión del director de recursos humanos de la empresa donde trabajo, que ha optado por no contratar para la empresa a mi fisioterapeuta, una chica que no sólo es la mejor fisio que yo he tenido (me he puesto en manos de varios), sino que tiene un CV impecable, que sigue formándose, que habla varios idiomas, que es amable, lista, creativa, divertida, educada y que cuando el hombrecito que la entrevistó le dijo que verdes las habían segado ella le contestó que casi mejor, porque si las rastas y los piercings le parecían mal, lo mismo le daba un patatús cuando supiera que también lleva tatuajes. Y le enseñó uno  precioso que lleva junto a la clavícula.

Eso sí, dice mi fisio que el director en cuestión fue muy amable y muy educado y que ella no se sintió ofendida. Ni siquiera cuando él le planteó quitarse las rastas. Afortunadamente, además de no sentirse ofendida le dijo que no tenía intención alguna de quitarse nada de ningún sitio. De todas formas, a lo que íbamos, que menos mal que fue educado, el señor director, porque lo que hizo fue no sólo amoral, poco ético,  lamentable, prehistórico y cobarde –dijo que no era por él, que es que lo mismo al Presidente no le gustaba el aspecto de mi fisio-, sino que es ilegal.

Y ni hablamos del aspecto del Presidente: un señor bajito, con un sobrepeso importante, alopecia más que incipiente, maleducado y déspota, todo lo cual da una imagen pésima de la empresa que no sé cómo nuestros dueños norteamericanos toleran. Porque al fin y al cabo, mi fisio iba a trabajar en una sala, con su kimono, sus zuecos, su pelo recogido y las manos limpias; pero el Presidente obeso y calvo con accesos de mal humor se relaciona al más alto nivel con otros presidentes. Sólo me queda pensar que el traje oculta todos los demás defectos.

Hoy me da vergüenza trabajar en esta empresa, que se permite juzgar a los profesionales por su aspecto mientras hace mobbin a una empleada a la que resulta muy caro despedir. Una empresa que ha prejubilado a una veintena de empleados sin pestañear, que contrata becarios por dos duros y les carga con el trabajo de empleados senior, que no sube los sueldos pero afronta una reforma millonaria y unos bonus a la dirección que pagarían varias hipotecas.

Me da mucha vergüenza mi empresa y mucha ternura mi fisio, que no se ha sentido ofendida en un caso claro de discriminación y una situación altamente ofensiva.

Un beso, guapa

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