miércoles, 27 de julio de 2011

La fotografía es el instinto del alma

… lo que el autor no sabe plasmar.




Igual que hay personas a las que debería prohibirse la reproducción, hay otras a las que habría que prohibir la expresión escrita.

Ayer me acerqué un momento a la Casa de América. En la Sala Frida Khalo aún se puede visitar http://www.casamerica.es/exposiciones/el-louvre-y-sus-visitantes. No es una GRAN exposición a nivel técnico. Las fotografías no son impresionantes por ninguna de las razones por las que una fotografía suele serlo. El tema es doméstico, los encuadres no son buenos, las composiciones son en su mayoría mediocres. Sin embargo la obra tiene sentido. Hubo un señor brasileño que pasó 39 años visitando el Louvre y fotografiándolo. Y gracias a eso yo vi al menos cinco maneras de interacción humana (niños que juegan en una sala que para mí es sagrada; una pareja en la que la chica está desecha y se apoya en el hombro del chico; dos amigas, ancianas, que discuten sin palabras; otra pareja que se explica un cuadro mutuamente; unas monjas haciendo piña frente a las tres Gracias de Rubens). Además vi un par de docenas de actitudes humanas frente a la pintura.

En esta sala no se encuentran paisajes impresionantes, ni retratos sobrecogedores, ni arquitectura solemne. En esta sala se encuentra a un señor brasileño, residente en París, con un gran sentido del humor y gran cultura pictórica.

También hay un libro de visitas.

Que me pregunto para qué se pondrán libros de visitas en las salas de exposiciones. Sobre todo porque es que yo, que ya no los escribo, los leo. Y ayer el libro de visitas me regaló la frase que da título a esta entrada: la fotografía es el instinto del alma, lo que el autor no sabe plasmar. El ser humano que escribió eso llenó una página de joyitas semejantes y se despidió con la gloriosa frase: espero que la próxima exposición sea de mi agrado.

El instinto del alma.

¿Se puede ser más cursi? O sea, en serio ¿se puede? ¿A la par qué más inexacto, impreciso y ampliamente inútil?

Toda la vida peleándome con aquella pregunta que sólo los imbéciles hacen; a saber: ¿Qué es la literatura? ¡Coño! Pues según J. Evans Pritchard, Dr. en filosofía, está claro que una curva . Para tener que encontrarme a estas alturas y con mucha menos paciencia con la pregunta siguiente: ¿Qué es la fotografía?

Bien, hagamos el estúpido ejercicio de contestar: Partiendo de la base de que el alma no tiene instinto ni cosa que se le parezca porque para eso es el alma; y asumiendo que no sea cierto eso de que al fotografiar a un sujeto se captura su alma ¿Qué queda en la fotografía? La fotografía es un modo de detener el tiempo.

Regreso a Montserrat Roig y la imagen recurrente de la mujer que se enamora del efecto de la luz sobre el hombre en el momento en que abrió la puerta de su casa. La fotografía congela ese efecto de la luz. O no. A lo mejor la fotografía sólo sirve para acercarse a las cosas, forzar el ángulo de la mirada y que parezcan otras. También sirve para poner objetos en lugares en los que no deberían estar, lo que suele dar resultados perturbadores.

La fotografía es una intención. A estas alturas me da un poco igual que sea o no un arte. Creo que, por encima de todo, es una intención: la intención de conservar la fugacidad. Lartigue no estaba nada convencido de recordar momentos vividos y fotografiaba compulsivamente. Ni siquiera estaba convencido de que la fotografía fuera un buen método para preservar esos recuerdos, pero no tenía uno mejor. Yo creo que no lo es. No es un buen método, pero es una buena aproximación.



Momentos, ideas, fugacidades varias.

Es muchas más cosas además de esto, la fotografía. Pero no es el instinto del alma. Que nadie diga nunca que nada es el instinto del alma, porque a lo mejor a mi alma le nace un instinto asesino y tenemos un problema.

NOTA: La primera fotografía es mía, la segunda de Lartigue :)



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por participar!!