domingo, 27 de marzo de 2011

Por un puñado de recortes.



De eso va la exposición que no he podido terminar de ver hoy en el Reina Sofía. De los recortes de Bertold Bretch, Tacita Dean, André Bretón, Goya, Brassaï, Robert Rauschenberg y hasta Rilke. Rimbaud, Schubert y varios otros que no sé quiénes son (Pero tengo una lista, mi amigo Google me sacará en breve de mi ignorancia).

Ya lo decía Bunbury (y al parecer Nietzsche): De pequeño me enseñaron a querer ser mayor. De mayor voy a aprender a ser pequeño  (Nietzsche usaba más palabras).


Ya voy, ya articulo. Es que a veces cuesta un poco.

Por ejemplo, es difícil considerarse a uno mismo un artista. Artistas son otros. Generalmente otros más preparados, otros con un talento evidente, otros a cuya excelencia se aspira. Otros a los que se toma muy en serio. Por ejemplo, Lorelai Gilmore o Balzac; o Picasso. A ver quién es el listo que no quisiera haber pintado el Guernika. Y como se les toma tan en serio, a veces los wannabe artistas entran en bucles espacio-temporales, son presas del bloqueo de escritor, del bloqueo de fotógrafo, del bloqueo de pintor, del bloqueo de administrador de la comunidad, del bloqueo de estar vivo.

Y es que tomarse las cosas en serio, demasiado en serio, es contraproducente. Lo sé porque llevo haciéndolo muuuuuuuuuchos años. Y hoy, mientras caminaba, cuaderno de notas en mano, he visto que Bertold Bretch, Tacita Dean, André Bretón, Goya, Brassaï, Robert Rauschenberg y hasta Rilke (ayer vi que Henry Lartigue también lo hizo ¡durante 70 años!) hicieron lo que llevo haciendo yo desde los 12: llevaban un diario, recortaban cosas de la prensa, hacían dibujitos en los márgenes, escribían (los que están vivos aún lo hacen) con tintas de diferentes colores y a partir de esas notas (o no) realizaron después grandes obras maestras y bla bla bla.

¿Y a quien le importa la obra maestra?

Lo siento infinito por todos los que hemos perdido el tiempo tratando de conseguir esa obra. Lo siento por todos los recortes que se fueron a la basura junto con el resto del periódico porque había que centrarse. Lo siento por todos los que han dejado de leer porque no habían escrito las horas suficientes esa semana; por los que no dedicaron una tarde a las acuarelas debido a que su disciplina principal era el canto.

¿Y qué si no se logra una obra maestra?
¿Y qué si se va la vida y deja uno un puñado de recortes?
¿Es que la vida no es precisamente un puñado de recortes?

2 comentarios:

  1. Pues sí. La vida es un puñado de recortes y muchas veces la propia vida puede ser una obra maestra, aunque nadie la lea. ¿Cuántos artistas habrá que nadie ha leido o contemplado? Sus obras se fueron a la tumba con ellos. El reconocimiento no es lo que convierte a alguien en artista. Es solo reconocimiento. No se puede vivir pensando en el público. Aunque nadie te vea, estás viva, aunque nadie te lea, escribes, aunque nadie admire tus obras el universo las recibe y tú las entregas. Ese es el acto de amor.

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  2. Acabo de ver el comentario. Gracias!

    Aunque nadie te vea, estás viva, aunque nadie te lea, escribes, aunque nadie admire tus obras el universo las recibe y tú las entregas. Ese es el acto de amor

    Completamente de acuerdo. Y qué difícil de aceptar ^^

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