lunes, 10 de enero de 2011

Felicidad por acumulación




Anoche vi esto, de casualidad.

Llevaba todo el día preguntándome qué es la prosperidad, por qué me crea conflictos personales la necesidad de acumular cosas que en realidad tiene tan poco que ver conmigo y me lo encontré en La 2 a las diez y diez de la noche.



Una delicia. El documental habla de cómo se programa la vida útil de un producto para estimular la compra periódica de ese producto. Yo conocía la historia de las media de nylon, pero muchas de las otras no.



Desde el año pasado por estas fechas mi vida ha consistido en un deshacerse de cosas sin sustituirlas por cosas nuevas. Desde los muebles, hasta los libros y los CDs. He comprado una cámara de fotos, un televisor y un ordenador. No he cambiado de móvil, no he comprado música salvo de manera digital y sólo he comprado la ropa que necesitaba. Esto ni siquiera incluye un abrigo. Este invierno lo he heredado de mi hermana pequeña :)



Por algún motivo, esto ha conseguido que me sienta mal, poco próspera, poco sofisticada. Junto con la liberación que supuso donar mis muebles, hacer espacio en mis estantes y limpiar las paredes, vinieron varios sentimientos de inadecuación y culpa.



Estos días escucho a menudo The fear, de Lily Allen “I am a weapon of massive consumption. It´s not my fault, it´s how I am programmed to function”.



Me pregunto muchas cosas y tengo respuesta para muy pocas. Me pregunto si mi necesidad de ser una mujer sofisticada es real o se trata de una búsqueda de identidad más grupal que individual. Me pregunto si cuando compro algo lo compro porque lo quiero o porque algún mandamiento me impele a comprarlo. Me pregunto si realmente busco la felicidad a través de la acumulación de objetos. Y me pregunto sobre todo si, de ser la respuesta a estas preguntas la que sospecho, seré capaz de cambiar la programación y convertirme en un individuo sano, capaz de distinguir sus anhelos reales de los creados.



Me pregunto si la vida es viable con un modelo económico que no se base en el crecimiento desbocado del consumo. Me pregunto a quién beneficia que una parte importante de la población viva para consumir. Me pregunto si yo estoy dispuesta a cambiar mi modo de vida y renunciar a nuevos modelitos, a perfumes caros, a nuevos aparatos que me hagan las cosas más fáciles y placenteras. Me pregunto, con cierta ansiedad, si seré capaz de encontrar mi felicidad en la amistad, el conocimiento, la fotografía incluso.



De momento sólo me lo pregunto.


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