jueves, 9 de diciembre de 2010

Rosa Jiménez - Mi vida dentro



















En este artículo se explica en pocas palabras la historia de Rosa. En esta página se puede ver el documental que la explica en imágenes. Yo seré breve: Rosa es una inmigrante ilegal que cuidaba un niño en Texas, donde vivía con su marido y su hija. Un día se distrajo, el niño se tragó varias toallas de papel y murió. Ahora Rosa está en la cárcel con un par de condenas, una de ellas de 99 años por asesinato.


Si veis el documental quizá entendáis por qué no pude quedarme sentada en el sillón, sin más. Los argumentos de la fiscal eran: hay un niño muerto, hay una mejicana sin papeles, ella es culpable. No importó que la defensa probase sin lugar a duda que era imposible que nadie hubiese obligado al niño a tragarse la toalla, ni que dejase claro a todas luces que la actuación de la policía y de los técnicos sanitarios tuvo mucho que ver en la muerte del bebé. En el documental aparece parte del juicio. En él se ve lo peor de lo malo del sistema americano. El mismo que en ficción permite hacer alegatos finales que terminan con un "ahora imaginen que la niña es blanca".

No puedo, no me sale, escribir un párrafo perfecto acerca de la vulneración de derechos, de las irregularidades del juicio, de la discriminación por raza. No puedo. Lo que me revuelve la conciencia, lo que de verdad me lleva a escribir esto y compartirlo, es que es mentira que Rosa matara al niño y sin embargo está encarcelada por ello. Es mentira.

Es tan mentira como todas esas mentiras tontas que contamos: que alguien besó a alguien, o que alguien ha robado algo o cualquier cosa. Mentimos. Mentimos, a menudo, para ocultar que hemos metido la pata, para echar balones fuera, para eludir responsabilidades. Mentimos porque si es necesario que haya un culpable, mejor que sea otro.

Un par de días después de ver el documental, el verano pasado, escribí a Rosa a la cárcel de Austin donde está. Lo hice con miedo y con vergüenza. Espero que también con humildad, aunque no se me da bien ser humilde. Le pedía permiso para difundir su caso y le ofrecía mi oído o al menos mis ojos sobre el papel porque en ocasiones es mejor llorar con un extraño para no preocupar a la familia.

Hoy me ha llegado su respuesta. Son cinco páginas de letra redondita, en papel pautado de una raya, mi favorito. Son hojas de cuaderno con margen rojo a la izquierda. Comienza con un hola y luego me pregunta cómo estoy, como si me conociera de toda la vida. Me pide disculpas por haber tardado en responder y me cuenta en muy pocas líneas que está sola y que se siente diferente, más dura.  Dice que en ocasiones intenta que la vean como es en realidad, pero que sólo la miran como a una asesina de niños. Dice también que procura entenderlos.

Me habla de sus niños: Brenda de 8 años, 9 en enero, y Emanuel de 6, 7 en abril. No le dejan verlos porque no le está permitido tratar con menores de edad. Habla también de su madre y de la única amiga que ha hecho en prisión.

No conservo la carta que le escribí yo y que recuerdo animada, pero algo debí de decir porque ella me escribe este párrafo: "Todos cometemos errores. Aún nosotras, que nos han lastimado, también lastimamos a nuestros seres queridos. Eso no quiere decir que tienen que odiarnos; no, amiga, la vida está llena de errores y hay que darle otra oportunidad a esas personas que te lastiman".

Luego me pide que no tarde en contestar, me da las gracias por haberle ofrecido mi amistad y me da permiso para publicar su dirección por si alguien más quiere escribirla.

Es esta:

Rosa E. Jiménez - 1326763
Crain Unit
1401 State School Rd.
Gatesville, Texas 76599
USA

Además me ha mandado una tarjeta muy bonita que ha hecho ella. La de la foto. Y una huella de su mano con una gran sonrisa.

Lo que más me ha impresionado es la serenidad con la que escribe. Es muy joven, unos 25 años ahora. Parece mayor y parece en paz. Dice que conserva la esperanza de salir y ver el mar. No lo conoce porque  su madre nunca pudo llevarles a verlo cuando vivía en Méjico.

Yo no puedo llevarla al mar, no puedo sacarla de la cárcel, pero puedo difundir su historia y puedo pediros que vosotros también lo hagáis.

Si se os ocurre de qué otra manera podemos echarle una mano, decídmelo. Todos tenéis mi correo.

De momento muchas gracias por leer.

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