martes, 16 de noviembre de 2010

Lo que encuentra una mientras hace limpieza

Sara. Le habían puesto Sara como a la esposa de Abraham. Y como Sara, Sara no quería esperar, ni tenía la seguridad, ni la fe de que llegara un hijo tardío.

Había salido del supermercado con prisa de martes. Detestaba los martes, que no quedaban cerca de los domingos ni de los viernes. Odiaba que los martes se llenasen la pescadería y la carnicería de clientes aviesos que rechazaban las ofertas del lunes y que no esperarían, tampoco ellos, a que el género se hubiese hecho viejo el sábado.

Los martes el color rosado de los muslos de pollo y las líneas de grasa blanca del salmón se le volvían más que nunca recordatorios de cadáveres descuartizados; y los uniformes verdes de los empleados con sus gorros, sus delantales, sus guantes de látex, se transformaban en batas de forenses descuidados, salpicados, siempre sucios, cortando, rasgando,abriendo, pesando.

Sara huía todos los martes de la sangre y de los pensamientos circulares. Se acercaba a un centro comercial apenas estrenado donde a la gente lo mismo le daba comprar un día que otro. Entre los suelos pulidos y las paredes de texturas exóticas, los pasillos y sus plantas liofilizadas, sus luces de colores, siempre era fin de semana. Así que, como cada martes, Sara caminaba despacio. No miraba los escaparates con carteles chillones, ni los carritos de la limpieza, ni los desconchones inexplicables junto a las salidas de emergencia. Avanzaba poco a poco y con cada paso se desprendía de las quejas de los transportistas, de las manos enrojecidas de los pescateros, de las losetas de granito desgastado a las que miraba mientras compartía el descanso con sus compañeros. Hasta que llegaba, transformada en una Sara renacida, a su tienda de discos favorita. Los dependientes del turno de tarde la conocían y la saludaban con el afecto indiferente que se siente hacia el muñeco que lleva años en la cabecera de la cama. Y Sara hacía lo posible por extraviarse entre las hileras de CDs.

2 comentarios:

  1. ¡Anda!
    No entro nunca en el blog. Es decir, lo hago cuando quiero publicar algo en Facebook y me paso de caracteres; así que no había visto tu comentario.

    A mí también me gustará que siga, cuando siga. Si sigue :)

    Gracias por leer.

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