sábado, 24 de julio de 2010

PRÓXIMAMENTE...


Un mundo a oscuras

Un chico sordo

Una vida de aislamiento

Una búsqueda de amor


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Despertó sobresaltado. La luz del sol le hería los párpados. Durante la noche había apartado la sábana con los pies y aún conservaba el pelo pegajoso de sudor nocturno. Miró hacia la mesilla desierta y su sensación de alarma se acentuó: su madre no le había dejado el vaso de zumo de la mañana. Siempre lo hacía cuando trabajaba temprano.
Abandonó la cama de un salto y, sin pasar por el baño, se dirigió al otro dormitorio. Deseaba con toda su alma encontrarlo vacío, la ropa de cama revuelta sobre el colchón, las puertas del armario abiertas, un pequeño desastre matinal que indicase que se había levantado tarde, sin tiempo para arreglar el cuarto ni para preparar el zumo de Enrique. No fue así.
Desde la puerta, el cuerpo acostado semejaba dormir, pero él había aprendido las diferencias de los pequeños detalles: los tendones rígidos del cuello, la mano que apretaba un puñado de tela arrugada, ningún movimiento, nada. Ni tan solo uno muy leve en el pecho. Su madre había muerto en mitad de la noche, sin avisar. A Enrique le temblaron las piernas ¿sin avisar? ¿Seguro? El cuerpo yacía con la cabeza girada de modo que el rostro quedaba oculto. El chico se acercó a él muy despacio, como si quisiera dar tiempo a su sentimiento de culpa a instalársele en el pecho.
Rodeó la cama con cuidado de no tocar nada. Estaba despierto. Sabía que estaba despierto porque, cuando soñaba, las cosas cobraban una calidad etérea mientras que la penumbra de la casa  resultaba tan sofocante como cada día. A los demás no les importaba. Los demás no veían. Enrique habría preferido ser ciego también. No era la primera vez que formulaba ese deseo.
- Dios, quítame la vista y haz que pueda oír y hablar como los demás

Dio otro paso hacia la pared del fondo.

- Dios: te lo pido por favor, que no haya muerto gritando. 

 Un paso más, lento como el fuego que cocía a los condenados en el infierno.

- Dios: si se ha muerto por mi culpa, te mataré a ti.


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